Hay ciertas cosas a las que jamás he encontrado el sentido. Por ejemplo, ¿por qué el escarabajo pelotero necesita hacer esas pelotas de mierda para comérsela después? Al fin y al cabo, es mierda. Es decir, lo que ninguno jamás se comería.
Pues bien, la misma “pelota de mierda” es la que realizan los políticos canarios cada vez que les da por pensar o dilucidar, motu propio, qué es arte y qué es ciencia. El Sr. Blas Cabrera era un científico: algo indudable. Pero ¿escritor también? Es como si me dijeran que Charles Darwin tenía que haber ganado el Nobel de Literatura por su obra de “La Evolución de las Especies”. No me imagino al insigne inglés bufando y presumiendo de genio literario ante Oscar Wilde, Charles Dickens, Bram Stoker o Arthur Conan Doyle; todos ellos contemporáneos del biólogo.
Canarias, gracias a Dios, es rica en hombres de letras. Doy fe de ello. En los últimos años, desde que me dedico a escribir, he podido conocer a genios de la talla de Rayco Cruz, Miguel Aguerralde, Carlos González Sosa, Alexis Ravelo o Macu Marrero. Así que me pregunto, ¿es necesario “recoger pelotas de mierda” para dar premios a quién no lo merece?, al menos en el ámbito literario. En el científico seguramente sí, no lo discuto, pero en cuanto a literatura se refiere…
Me canso de ver como nuestro trabajo se desprestigia una y otra vez por la omisión de ayudas, la ignorancia de nuestros gobernantes o la desidia de nuestros consejeros o concejales de Cultura. Pero más me jode tener encima que ver cómo nos vacilan, otorgando premios que no corresponden a gente que no le toca. Luego quieren ser Capital Europea de la Cultura y mil cosas más. Organizan eventos para que parezca que realmente se preocupan por la difusión cultural (léase “Sobresaltos 2010”). Sin embargo, sólo esconden una ambición prosaica hacia un dinero fácil en subvenciones que anhelan con tanto gusto como los mencionados escarabajos. Porque, señores políticos, entiendan una cosa: el dinero deshonestamente ganado, apesta como la mierda del ganado. Y a ésta, sólo los coleópteros de detritus hacen caso.

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